Cuando sólo conoces tu pueblo, cuando ni si quiera sabes donde queda Alemania en el mapa es muy difícil marcharse. Pero cuando el hambre aprieta y la pobreza no permite otra elección, la emigración es la única salida.
En la década de los 60 alrededor de dos millones de españoles se fueron a Alemania a trabajar. Allí sobraba trabajo y aquí gente. Lo que se vendió como una operación perfectamente organizada fue en realidad una emigración denigrante para los españoles que, en la mayoría de los casos, vivieron hacinados en barracas y tratados como mercancía.
El Tren de la Memoria, premiado en el Festival de Cine Español de Málaga el Festival de cine de Bruselas, la Biennale de Annecy entre otros, y presente en el Lincoln Center de Nueva York y los festivales de Guadalajara (México)y de Miami es un documental para la memoria. Aunque como las autoras puntualizan, es una historia que nunca ha sido contada tal cual. El pasado 1 de Diciembre fue proyectado en la Universidad Carlos III con la presencia de Marta arribas codirectora y escritora junto a Ana Pérez.
El documental narra los duros años allí vividos, su partida, la llegada, la toma de conciencia de su condición, a través de la experiencia de un puñado de emigrantes. Conseguir divisas que mejorasen la vida de la familia en España era su objetivo principal, el motivo de su marcha. Mientras, sus familias se quedaban en España depositando sus esperanzas en sus hijos y padeciendo su ausencia durante muchos años.
La evolución personal, la superación, la capacidad de adaptación y resistencia del ser humano… etapas y procesos de la vida de los emigrantes que, en este caso, sufrieron numerosas penurias en su “destierro alemán”.
Magistralmente dirigido, el El Tren de la Memoria muestra el desarraigo producido por el paso de los años en la vida de estas personas. Esta situación añade a su condición de emigrantes una dura realidad: “es horrible porque no son de aquí ni de allí. Cuando están allí piensan continuamente en España, y cuando regresan lo comparan con Alemania”. Una triste verdad que merece la pena ser contada para “valorar el esfuerzo que estas personas hicieron, sin el cual el desarrollo de España en los últimos 40 años no habría sido igual”, indica Marta Arribas.
ROCÍO SEÑÁN

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